dilluns, 11 de juliol de 2016

Lo siento

Hola mis queridos lectores. Son las 12 de la noche y mucha gente sale o tendría que salir de trabajar. ¿No os ha pasado nunca que en un trabajo en el que acabas de empezar cometas muchos errores? A mi me pasa. Creo que soy la única en mi faena que comete errores tontos y simples que se podrían evitar. Pero lo que peor sabor de boca me deja es que por mi culpa la gente deba arreglar mi estropicio. Luego viene la peor parte, "lo siento".

Soy una persona orgullosa, sí. Pero mi orgullo desaparece cuando afecta a personas importantes y que me han abierto los brazos en mi primer trabajo. A esas personas hoy (y durante todo el tiempo que llevo trabajando con ellos) les he pedido muchas disculpas. Cabe decir que mi torpeza es enorme, pero lo que mas me mosquea es que mis errores afecten su manera de trabajar. Odio tener que rehacer las cosas o sentirme culpable porque he cometido el mayor errror de mi vida laboral. Puede que sea un poco exagerada, pero ahora mismo la culpa está carcomiéndome las entrañas.

Ellos me han dado un segundo hogar y un sitio donde labrar mi futuro. En cambio, creo que yo solo les doy dolor de cabeza y malestar. No me gusta tener que escribir estas palabras pero me siento muy culpable por cosas que han pasado hoy que son irrelevantes para escrivir esto. Despues de este rollo quiero desarrollar el tema que nos ocupa, el perdón. ¿Cuántas veces en nuestra vida hemos pedido perdón? Un trillón y medio si tienes una consciencia tan débil como la mía. Esa sensación de vacío y culpabilidad en tu corazón es mayor que cualquier "lo siento" o "perdona". Esas palabras, a veces nk significan nada. Cuando no se dicen de corazón y con lágrimas agalopanfose en tu garganta no son del todo reales. La culpabilidad es un sentimiento muy grande y removerías cuelo y tierra para arreglar tu error, pero lo hecho hecho está.

Así que pedir disculpas, ahora que me doy cuenta, no sirve para mucho (a no ser que se pueda viajar al pasado para arreglar el error cometido). Se debe seguir adelante y demostrar que a pesar de todo se puede seguir luchando, el corazón debe ser de hierro para afrontar el error. Aunque cabe decir que también debes afrontar las broncas y esas miradas de desaprovación, que algunos disimulan más que otros. Eso es lo que más odio... 

A pesar de todo estoy voy a seguir lucahndo porque soy una cabezota y una luchadora que quiere demostrar que vale algo más que unos simples errores. Y siempre se deben pedir disculpas de corazón, no por cortesía. Así que aquí me despido mis lectores, voy a pasar una noche carcomiendóme la consciencia.